domingo, 19 de marzo de 2017

Una brevet más. Así como quien no quiere la cosa

Como el tiempo pintaba bien y por los campos de la provincia de Lleida los frutales están en flor, parte de la delegación de la SGA en L'Anoia se animó a dar una vueltecilla por allí el sábado 18/3/2017 para pasar revista a los manzanos, almendros, melocotoneros y perales que abundan en la zona. Una ruta de 200 kilómetros da para ver unas cuantas plantaciones, vive Dios.

El Ateneu Popular de La Fuliola lleva unos años organizando brevets, la zona prácticamente no la conocíamos, las referencias de compañeros de la zona eran buenas e invitaban al desayuno. No hizo falta pensárselo mucho.

Salida puntual a las 7:00 h de La Fuliola con una temperatura de unos 4 o 5ºC. Pasando un poco de frío por caminos rurales asfaltados llegamos a Bell-Lloc D'Urgell, donde 100 ciclistas asaltamos la gasolinera del pueblo para que nos sellaran el carnet de la brevet. Espero que alguien hubiera avisado al personal de la gasolinera con antelación o debieron flipar bastante.


Seguimos por carreteras con algo más de enjudia para dirigirnos al siguiente punto de sellado: Granyena de les Garrigues. Allí, con algo más de 60 kilómetros ya había hueco en el estómago para rellenar con el consabido plátano. Punto y seguido hacia Vilanova de Prades superando un tendidísimo puerto sin ninguna dificultad. Poco después de las 11:00 h coronamos e hicimos una pequeña parada pues los 105 kilómetros acumulados así lo requerían.

Desde Vilanova de Prades había un buen descenso hacia Cervià de les Garrigues, donde amablemente nos sellaron el carnet en una cooperativa de aceite. Supongo que también debieron quedarse un poco parados cuando se presentaron cuatro ciclistas en sus oficinas un sábado a las 12:25 horas...

Siguiente sello: Els Omells de Na Gaïa, pequeña población a la que llegamos por caminos asfaltados para sellar en su única cafetería. Con el fin de dinamizar el sector terciario de la comarca más que nada, hicimos algo de gasto en el local. Un brevetero se pasó con su contribución al gremio de hostelería y tras hacer algún extraño acabó con la bicicleta en medio de un campo en el descenso hacia Maldà. Sin más consecuencia que haber dejado patente que beberse dos cervezas después de 160 kilómetros, con la solana calentando el casco y teniendo que seguir dando pedales no son una buena idea.

Arbeca era el último punto de sellado antes de rematar la jornada en La Fuliola, con 180 kilómetros encima y el calorét faller apretando. No era cuestión de entretenerse, así que dando relevos llegamos a meta contentos con el ritmo que habíamos llevado durante el día. Queda apuntada esta brevet para el calendario de temporada.

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